Homo Sapiens: Carta a la mujeres

Homo Sapiens: Carta a las mujeres

Pongo sobre la mesa esta carta abierta, para que nuestros lectores añadan los muchos puntos que han quedado fuera.

Por: Atouk

Esta carta, por razones obvias, lleva un tono de súplica. En muchas ocasiones, en este mismo espacio, hemos insistido en la diferencia de códigos que tenemos hombres y mujeres. Ahora, como desde el principio, los muy masculinos editores de esta publicación le pidieron a este humilde escribano que derramara tinta en defensa de nuestro vilipendiado género.

Bajo la influencia de los calores primaverales, pongo sobre la mesa esta carta a las mujeres. Asimismo, favor de transmitirla a amigas, novias y esposas, con el fin de debatir respetuosamente los puntos. En una de esas logramos algo de éxito.

  • Si les parece que somos básicos y primitivos, es porque en realidad tenemos el alma de un niño.
  • Si no participamos en varias conversaciones simultáneas, es porque somos respetuosos de los demás, incluidas ustedes.
  • No finjan los orgasmos. Lo sé: esto es un viejo adagio. Pero conviene que sepan que, aunque no digamos nada, nos damos cuenta. Y nos duele.
  • Ya entendimos, desde hace mucho tiempo, la relación directa del dolor de cabeza con “vuelve a vestirte”.
  • No sólo pensamos en sexo y en alcohol. Ése es un mito terriblemente reduccionista. Que no tengamos un crush con los zapatos no significa que en nuestro radar mental no figuren el deporte, la comida, los gadgets, el arte, los libros, la política, la economía, los negocios y una larga -muy larga- lista de etcéteras. Lo cual no quita que, en efecto, al final los tragos y el sexo vuelvan a aparecer como el epicentro de nuestro cerebro.
  • Sonrían. Lo más posible. Ustedes no se imaginan el poder que tiene su sonrisa.

No finjan los orgasmos. Lo sé: esto es un viejo adagio. Pero conviene que sepan que, aunque no digamos nada, nos damos cuenta. Y nos duele.

  • Nuestra afición al arsenal de aparatos electrónicos es un mecanismo emocional de sustitución de juguetes de la infancia.
  • Sabemos que se visten y se pintan para impresionar a otras mujeres. A nosotros también nos impresionan.
  • Ni bisturí ni botox. Se pueden ahorrar dolores y dinero si entienden que apreciamos las imperfecciones. La belleza la tienen intrínseca. Digo, a menos que quieran seducir al Chapo Guzmán.
  • Cuando las invitamos a cenar y piden un plato de lechuga, ya no se nos antoja volverlas a invitar.
  • No nos interesa participar en la descalificación de otras mujeres. En todo caso, le entramos gustosos a la de otros hombres.
  • Las faldas cortas siempre son bienvenidas. Es otro modo de sonreír.
  • Somos sustancialmente fáciles de convencer. Ustedes ya saben cómo.
  • La emoción escandalosa que podemos transmitir durante una justa deportiva es porque llevamos un héroe dentro.
  • Si no les damos muestras de afecto acordes con sus expectativas es porque no las queremos abrumar.
  • Y si las elogiamos y lanzamos piropos no significa que queremos acostarnos con ustedes. Bueno, a veces sí.
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Publicado el 20 junio, 2012 en Homo Sapiens y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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